sábado, 12 de diciembre de 2009

Concurso: Cuatro Almas.


Ayer, dando una vueltica por Blogger y tal, me topé con un blog bastante interesante.
Además, por casualidades de la vida, ví que estaba vigente un CONCURSO al que no me pude resistir *0*


El premio, como podéis observar, es “Cuatro Almas. Jonas”. Aunque no he oído hablar mucho de él, no tiene mala pinta y la portada está bastante bien, asi que toca darle una oportunidad x)

Sobre el concurso en sí, no es muy difícil y resulta bastante entretenido (si me veis ayer a las doce y pico buscando portadas mientras mi madre gritaba que dormir es sano U.U).

Aunque el plazo del concurso se acaba en apenas una semana (buff… menos mal que lo vi a tiempo) si alguien más está interesado y quiere participar, dadle al link de arriba x)

Ya os contaré que tal me ha ido ^^. De momento, toca confiar en el azar…

~Deseadme suerte! ;)


naylah©

martes, 8 de diciembre de 2009

Y que borren a diciembre del calendario.


Es lo que tiene que noviembre se acabe. Por mucho que fastidie, por mucha rabia incoherente que me dé le sigue diciembre.

Nunca me ha gustado. Es algo irracional, pero que se le va a hacer.

Diciembre me pone triste. Irremediablemente triste. No soy la persona más alegre del mundo, si yo lo sé (y ya se encargan mis padres de decírmelo). Pero intento poner a los problemas buena cara, aunque sea para que nadie se preocupe y que las cosas sigan su cauce.

Pero diciembre me vuelve débil y melancólica. Nunca he sido amante de las despedidas (más bien al contrario, las tengo un temor reverencial); y el pensar que el 2009 se acaba, que llega el final de un año que ha tenido tanto cosas buenas como malas…

Por no hablar de la Navidad, que por si fuera poco me deja el ánimo por los suelos. Los reencuentros con una familia que sólo busca meter el dedo en la yaga y pegar donde más duele. Darte cuenta que, un año más, no cumples las expectativas de los que dicen ser tus “seres queridos”. No saber distinguir entre humilde verdad y sucias mentiras. Ver que a tu alrededor no hay más que hipocresía y mezquindad. Sentirse abandonada pese a estar rodeada de gente.

Tampoco soy chica de grandes cambios. Dentro de lo que cabe, la rutina me da una cierta seguridad engañosa, y como ya he dado a entender, me cuesta dar un paso adelante. Eso sí, no acostumbro a retroceder, y eso acarrea consecuencias. Las personas que me conocen sabrán que he tenido un año movidito, he hecho y dicho cosas que no mucha gente aprobaría y, aun así, no hay muchas cosas de las que puedo decir que me arrepiento. ¿Quién puede asegurar que el año que viene no pierda todo lo que me ha costado tanto conseguir? ¿Quién asegura que no sea el principio de fin? Preguntas que congelan por dentro.

E influyen millones de pequeñas cosas. Supongo que tampoco puedo prolongar mucho más la esperanza de un tierno (oigo a cierta persona decir: “o no tanto, Rita, no te emociones” =P) reencuentro. Con vuestro permiso, yo no desisto. Tozudez o estupidez, dirían unos. Una muda súplica a la confianza o a las circunstancias, quizá.

No sabes lo que daría por ser capaz de hibernar. Dormirme un buen día de finales de noviembre y ¡Pum!, principios de enero a la vuelta de la esquina.

Pero habrá que pasar por ello. Sentir la fría lluvia en el pelo, la niebla royendo los huesos. Los crujidos de las hojas marchitas, la caída de las sombras. Seguir el camino. Invierno: noviembre, diciembre y enero. Y por una vez en la vida, desearía que no me tocara hacerlo sola.

Ojalá hubiera un remedio y pudiera evitarlo.



Atte,

naylah©